La Verdad Detrás del “No Quiero”: ¿Es conducta o es una dificultad real?

La hora de la comida suele ser uno de los momentos más estresantes para muchas familias. “No quiere probar nada nuevo”, “Solo come purés”, “Se tarda una eternidad”. Como padres, es fácil caer en la trampa de pensar que es un tema de conducta o “mañas”, pero ¿sabías que comer es la tarea física más compleja que realiza un ser humano?

Para comer bien, un niño necesita que sus músculos, su respiración y su sistema sensorial trabajen en perfecta armonía. Cuando algo falla, el niño no es que “no quiera”, simplemente (pero a la vez complejo) es que no puede.

¿Por qué sucede esto?

La causa suele ser debido a diveros factores como:

  1. Causa Estructural: Un frenillo lingual corto, pueden dificultar que la lengua mueva la comida correctamente hacia las muelas. POr otro lado, amigdalas muy grandes pueden impedir el paso del alimento hacia el esófago.

  2. Causa Funcional: Músculos débiles, que no tienen un patrón masticatorio correcto ni la fuerza para triturar un pedazo de carne o una fruta fibrosa.

  3. Causa Sensorial: Una hipersensibilidad que hace que ciertas texturas se sientan “amenazantes” en la boca.

El riesgo de esperar

Cuando un niño tiene una dificultad com esta y no se trata, no solo se ve afectada su nutrición. El hueso de su cara no recibe el estímulo necesario para crecer en armonía.

Nuestra recomendación: No esperes a que “se le pase con la edad”. Si el instinto te dice que algo no va bien, una evaluación funcional es el primer paso para devolver la paz a tu mesa.

A continuación, te compartimos un checklist para ayudarte a identificar si es momento de buscar una evaluación profesional.

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